Capítulo 3
Hay un refrán muy sabio que dice que quien se asusta con niños, meado se levanta.
Yo ni siquiera tuve que levantarme, pero iba por el mal camino. El peor de todos, hasta que me di cuenta.
Bueno cariño, si no te gusta con preservativo, pues no hace falta que te lo pongas.
En ese momento sentí un miedo, de esos como dicen los españoles, que flipas, y mis razones era solo una, tenía sospechas de que era menor de edad, pero no estaba cien por cien seguro, en la app ponía que tenía veinte y tres. Eso ni en broma, ya sé que no es buen lugar para conocer a mujeres, que las mejores se conocen en carne y hueso, pero eso fue lo que estaba ocurriendo, estaba saliendo con una adolescente, y a ella probablemente ni le gustase, simplemente lo hacía, porque tenía que comer de algo, mantener a su padre, el abuelito enfermo del que tanto se quejaba.
Pero claro, yo no quería ser cómplice en algo así, y aunque le dije una verdad como un templo, d que no no me gusta hacer el amor con preservativo, no se siente nada parecido, esta vez lo hice para parar y mandarla a su casa, su cuerpo poco formado en conjunción con un olor de los que cualquier chica normal se cuida de no tener y de estar asesada,, hizo que la mandase a su casa, que rápido buscase un Uber que la llevase y de asegurarme de que había llegado. En el camino me insultó riéndose de que a mí, no se me levantaba. ¿Y cómo pretendía esa niña menor de edad de que a mí se pusiera duro el pene con una niña.
Y siendo consciente de que hasta ahí había llegado, me eliminé la app al siguiente día, y me dispuse a llorarla, a llorar al amor con el que había llegado un año antes a Medellín, y buscar un modo de encontrar una segunda oportunidad con ella, la bendición que nunca me pidió plata, que no me pidió nunca un solo céntimo, que sabía que yo no era nada perfecto, sino imperfecto, pero que quería cuidarme, porque para que una relación salga bien, dos tienen.que ceder. Así que ella, la mejor amante de las que he dispuesto, latina y dominicana, negra y mulata, sonriente, risueña y fría como pocas. Me cuidaba de que yo no gastase. Tal era su obsesión, que me costaba horrores sacarla de paseo, de ir a un mall, o de comer fuera algún día que otro.
En su contra-defensa diré que no fue del todo sincera, y que su viaje a Italia estaba más que justificado por razones que no quiero difundir aquí, pero que la perdono por absolutamente todo lo que me hizo y quiero creer por todo lo que me hará. ¿Por qué voy.a dejar que se vaya la única mujer con la que he sido totalmente feliz dentro y fuera de la cama? La que menos poesía me ha sacado, pero de la que más lagrimas me he empapado. Y aunque no ha sido un amor fácil, he de decir, que a posteriori, viendo los toros desde la corrida, ha sido la mujer más fácil con cuantas he estado, y de la que más he disfrutado, aunque su delito ha sido uno bien grande, casada de otro, y no de mí. ¿Ahora cómo hago para regalarle mi anillo sin diamante? Pero es que la entiendo, no puedo entenderla y comprenderla más, tal que hasta en un punto creí que no estaba enamorada de mí, de que simplemente hacía por no sentir, y aunque a veces dijera, yo voy a tener que irme a Italia, también me decía, pero flacuchento, tú vienes conmigo.
¿Cómo no hubiera querido ir? Pero insistí en desenamorarme, pero sin tener en cuenta que mi segunda relación larga, mi segundo amor genuino no tenía clavo fácil con el que sacarlo, más bien porque hasta el momento no se ha dado el clavo, y he dispuesto para ello…
En mi regreso a España, a mi país natal, con los papeles dominicanos conseguidos, los primeros días la lloré mucho, pero gracias a mi fiel perro, conseguí levantarme por las mañanas, y hacer menos el tratar con la perdida.

